Riego del bonsai – Qué hacer y qué NO hacer !

Uno de los cuidados básicos y primordiales que debemos prestar  a nuestro bonsái será el riego. Todas los seres vivos precisan de agua para subsistir  y nuestros árboles, al vivir en tiestos de tan reducidas dimensiones  necesitan que se les presten especial atención a sus necesidades hídricas.

Regar un bonsai

La primera causa de mortandad en bonsai, sobretodo entre los principiantes, es el exceso de riego que ocasiona la podredumbre y muerte de las raíces de la planta.
No se pueden establecer a priori unas reglas fijas de riego, como la cantidad de agua o la periodicidad del mismo, porque regar acertadamente nuestro bonsái depende de muchos factores que debemos considerar y que citamos a continuación.

  1. El tipo de sustrato y su capacidad para drenar y/o retener el agua.
  2. De la especie de árbol que tengamos y sus necesidades hídricas
  3. De la estación del año en que nos encontremos y del clima concreto de nuestra ubicación y de la ubicación de nuestro árbol.
  4. Del tamaño de la maceta, grosor, agujeros de drenaje, tipo de maceta, etc.

Sin menoscabo de lo descrito con anterioridad  estableceremos algunas normas básicas para regar nuestro árbol acertadamente.

riego bonsai

El sustrato

Conocer el tipo de sustrato en que se encuentra plantado nuestro árbol nos permitirá saber si retiene más o menos humedad y por tanto la mayor o menor frecuencia de riegos.

Una mezcla muy porosa, con alto porcentaje de akadama, gravas volcánicas, arena de río, etc.,  estará bien aireada, no tendrán problemas de encharcamiento las raíces, pero su rápida pérdida de humedad nos obligará a regar frecuentemente, incluso varias veces al día durante la estación estival de mayor calor.

Sustratos con mayor presencia de turbas y materia orgánica, fibra de coco, humus de lombriz, mantillos, etc., retendrán mayor humedad, los riegos no se harán tan necesarios, en perjuicio de un menor drenaje y aireación de las raíces, pero da al aficionado mayor libertad en cuanto que le permite espaciar  la frecuencia de los riegos que requiere su árbol.

Un caso extremo de sustrato de pésima calidad lo encontramos en los típicos bonsáis comerciales que todos hemos comprado alguna vez . Su mal drenaje, inexistente aireación radicular y facilidad para encharcarse a lo que contribuye el aficionado primerizo que lo riega con asiduidad pensando obrar bien agrava el problema y éste acaba pereciendo.

En estos casos la solución pasa por no excederse con los riegos, limitarlos al mínimo y en cuanto las fechas lo permitan realizar un cambio del sustrato.

Dudas frecuentes acerca del riego del bonsái

¿Qué tipo de agua debo usar para regar el bonsái?

Debemos emplear un agua de calidad, libre de excesivos elementos minerales. El agua de lluvia, el agua embotellada y el agua obtenida mediante ósmosis inversa son las más apropiadas por su calidad, por la ausencia de cloro y su adecuada composición.

La importancia de la calidad del agua de riego. Es fundamental no regar con aguas muy duras o con alto contenido de cal. Ésta  obstruye los poros de las raíces (las que bombean el agua del sustrato a las horas para realizar la fotosíntesis). Los borde de las hojas con apariencia de quemadas es un problema causado por un exceso de calor ambiental que no puede ser compensado eficazmente por la absorción de agua a través de las raíces por estar obstruidas con cal.

¿Se puede regar con agua del grifo?

El problema del cloro se puede solventar dejando el agua reposar en un recipiente destapado al menos 24 horas para que éste se evapore, pero aún así y dependiente de la zona de España en donde te encuentres algunas aguas son excesivamente duras para regar un bonsái o cualquier otra planta. Su excesivo contenido en sales minerales tales como calcio, carbonatos y magnesio no las hacen recomendables para su empleo con las plantas por las alteraciones que éste exceso puede producir.

¿Se puede regar con agua destilada?

Es aquella que no contiene minerales ni otros elementos  añadidos pero precisamente por ello, al no darle tiempo a disolver las sales del terreno puede ocasionar daños a las células de las raicillas de la planta debido a la presión osmótica. Se puede utilizar puntualmente pero no conviene abusar de ella.

¿Con qué frecuencia hay que regar?

«Cuando la capa superior de la  tierra de la maceta esté ligeramente seca o comience a secarse»

Y siempre según las necesidades concretas de la planta. Observando frecuentemente nuestro árbol advertiremos cuándo la capa superficial del mismo comienza a secarse. Ése es el momento de regar abundantemente, no antes. La cantidad de agua aportada no depende del tipo de árbol (tropical, de secano, continental). A todas las especies añadiremos agua hasta que ésta salga profusamente por los agujeros de drenaje.

Podemos escarbar ligeramente la parte superior del sustrato para cerciorarnos  de su estado. En climas con alta humedad ambiental podemos creer equivocadamente que el árbol está regado al ver que la parte superficial del mismo está mojada. Por ello podemos examinar los agujeros de drenaje para ver el estado del sustrato en sus capas inferiores. El peso de la maceta también nos puede indicar si las raíces están regadas o no. 

En climas lluviosos para evitar encharcamientos persistentes del sustrato algo tan sencillo como colocar una cuña a un lado de la parte inferior de la maceta para crearle una pendiente y pueda evacuar el agua sobrante por simple gravedad.

¿Qué hago con una especie de costra en la parte superior del sustrato por la que resbala el agua y no lo cala? Las capas inferiores del sustrato no se empapan suficientemente al regar. Rastrillar la superficie de la tierra con cualquier herramienta para romper dicha costra y permitir  el riego de las capas profundas del sustrato del bonsái.

Mi bonsái ha sufrido un golpe de calor por exposición de las raíces al sol por rotura de la maceta y se han desecado casi todas las hojas. ¿Puedo recuperarlo? Lo primero será quitarlo de las corrientes de aire y de la exposición directa del sol para desestresarlo  y no forzar a las raíces a absorber mayor cantidad de agua para compensar la perdida por el exceso de transpiración. Un riego de emergencia por inmersión nos asegurará una rehidratación completa de todo el sustrato y el cepellón de raíces. Aunque haya perdido la hoja, nuevos yemas brotarán en pocas semanas de las ramas aún verdes.

¿Cómo saber si mi bonsái tiene exceso de agua?  Veremos que las hojas comienzan a amarillear y caer, el crecimiento se ralentiza y la planta languideze y finalmente se seca si no podemos remedio.

¿Cómo regar un bonsái?

Utilizaremos una regadera o lanza de riego con una roseta de agujeros diminutos para evitar arrastrar parte del sustrato con el agua. Y lo haremos abundantemente hasta que el agua salga con fluidez por los orificios de drenaje.

Lo ideal es hacerlo desde arriba, de forma integral para alcanzar todas las partes del árbol hasta que el agua salga abundantemente por los agujeros de drenaje.  En sustratos viejos o demasiado apelmazados para asegurarnos la eficacia del riego regaremos 2 veces; una primera vez para humedecer y ablandar la capa superficial y el segundo riego que ya sí alcanzará mayor profundidad y alcanzará todas las capas inferiores del sustrato.

El riego por inmersión ( sumergiendo la maceta completamente bajo el agua hasta que el sustrato se empape completamente) sólo lo deberíamos aplicar en casos puntuales a algún árbol con estrés hídrico o sustrato extremadamente seco por circunstancias especiales. Empleando éste método sistemáticamente provocaríamos que las sales minerales del sustrato se desplazaran hacia arriba y las raíces que crecen buscándolas también lo harían hacia arriba.

La utilización de pulverizadores, nebulizadores y similares sistemas de riego a presión está indicada para humedecer la parte aérea del árbol y rehidratarlo pero nunca debe sustituir a un riego. Estos sistemas sólo mojan la parte superficial del sustrato quedando la parte inferior sin regar y por tanto en peligro.

En el caso que sea el primer riego tras realizar un trasplante, no sólo debe salir abundantemente el agua por los agujeros de drenaje sino que persistiremos con el riego hasta que el agua salga completamente limpia (el sustrato quedará así limpio de polvo).

Intentar evitar las horas centrales del día para realizar ésta tarea, sobre todo durante la estación más calurosa del año.

Unos momentos de deleite para quien cultiva bonsáis;  el momento de regar, cuando la fina lluvia de gotas de agua parece acariciar las pequeñas hojas de nuestros bonsáis

¿Por qué regamos?

El agua es el elemento esencial para la vida de todos los seres. En nuestros árboles bonsais, si las raíces no reciben la suficiente agua éstas no pueden absorber los nutrientes del suelo necesarios para que las hojas realicen la fotosíntesis y se genere la savia necesaria, como organismos autótrofos que son – que elaboran sus propios alimentos a través de la fotosíntesis que se realiza en las hojas y otras partes verdes de la planta.

El bonsai, al igual que el resto de plantas cultivadas precisa de cierto grado de humedad en sus raíces para sobrevivir. Sin un mínimo de humedad en sus raíces, el árbol es incapaz de mantener sus procesos vitales y comienza a perder en primer lugar la hoja, luego secará parte de sus ramas y finalmente muere todo el árbol.

Si dejamos que la totalidad del sustrato que alberga al bonsai se seca éste morirá rápidamente.

Los efectos de la falta de riego son visibles e inmediatos, pero el exceso del mismo también puede ser causa de problemas e incluso la muerte del árbol, aunque tarden más tiempo en hacerse de notar o diagnosticar.

Una necesidad convertida en habilidad

Conviene recordar que los árboles y plantas que vemos crecer en el medio natural están adaptados a su hábitat y las condiciones de humedad del mismo. Si el terreno es seco, el sistema radicular  se diseminará por el suelo y emitirá largas raíces en busca del preciado elemento.

Por el contrario, los árboles que crecen en climas tropicales o con abundante humedad no tendrán tal necesidad y sus raíces serán mucho más superficiales y localizadas que los primeros, pues tienen un fácil acceso al agua.

En las reducidas dimensiones de una maceta de bonsai o tiesto de entrenamiento no ocurre esto. El árbol no puede autorregular su  exposición a la humedad, no puede controlar el exceso de agua o la falta de la misma. Igualmente el sustrato que empleamos en su cultivo, independientemente de su composición, siempre será más inestable que el suelo natural, se seca con mucha más rapidez y le afecta más directamente cualquier cambio de las condiciones climáticas (vientos, cambios drásticos de temperaturas, etc)

Regar acertadamente un bonsai no es tan sencillo como aparentemente podría parecer. Es una habilidad en sí y como cualquier otra habilidad requiere cierto tiempo para dominarla.

Tampoco hay que olvidar el importantísimo factor del tipo de árbol de la que estemos hablando. Cada especie tiene unas necesidades hídricas concretas, unas necesidades precisas de humedad, de mayor o menor drenaje del sustrato o frecuencia de riegos que debemos tener presentes y respetar. Conocer a la especie en concreto y sus requerimientos precisos será también un paso primordial para tener éxito con el riego de la misma.

Regar de igual manera a todos nuestros bonsáis (dando por hecho que cultivamos varias especies) es la manera más rápida de atenderlos pero la menos adecuada, pues como hemos mencionado no tienen las mismas necesidades hídricas un pino que un ficus, ni tampoco los sustratos serán de la misma composición y por tanto secarán a ritmos diferentes. 

Recapitulemos

Exceso de riego en bonsái: cómo evitarlo y ponerle solución

El riego es imprescindible para la supervivencia de cualquier planta, mediante la cual suministramos agua, bien sola o bien en combinación con otras sustancias, al aparato radical del árbol con el fin de que éste lo transforme en nutrientres necesarios para su  correcto desarrollo.

El riego tiene unos factores que hay que tener en cuenta a la hora de realizarlo que no sólo pasan por la calidad o cantidad del agua suministrada al bonsái. Estos factores son los que hacen que no existan normas estándar si no que cada ejemplar requiera de unas necesidades específicas.

Nos referimos al tipo de especie, el tamaño de la maceta, la ubicación del árbol, la estación concrea del año, la composición del sustrato en que esta plantado o incluso la salud general de la planta, por citar algunos, hacen que debamos ser muy cautos a la hora de dosificarle la cantidad de agua que necesita y la periodicidad con que se va a regar.

Los factores se deben analizar por su cuidador, el cual debe estar atento a cualquier cambio que se pueda dar, bien climatológico, bien de salud o de cualquier otra clase ya que por insignificante que parezca puede alterar el normal desarrollo de nuestro árbol.

Con la práctica es de la única manera que se puede conocer día a día, mes a mes la técnica del riego, ya que su dificultad es mayor aún si cabe cuando empezamos por primera vez.

Una vez iniciado el cuidado de un ejemplar, deberemos observar el aspecto del árbol para irnos haciendo con sus reacciones externas, así el sustrato en el que está plantado y las hojas son indicadores de la necesidad del riego, por lo que antes de que el sustrato se seque en su totalidad hay que volver a regar, procurando que mantengan las hojas su vitalidad y vistosidad.

Esto a veces no se puede comprobar (bien por que el árbol no tenga hojas o bien por que la tierra este cubierta con musgo) por lo que un medidor de humedad (higrómetro)  puede ayudarnos a medir la sequedad del cepellón.

El color de la tierra (o el aspecto del musgo) nos puede indicar también la necesidad, ya que una tierra recién regada, húmeda o parcialmente húmeda tiene diferentes tonalidades. 

Si el bonsái es manejable podemos comprobar al cogerlo que recién regado su peso es mayor, lo que nos evita posibles errores de percepción ya que el musgo puede estar muy vistoso por la humedad relativa del ambiente pero el sustrato quizá resulte que está más bien seco.

El riego se puede hacer con una regadera en varias pasadas, en cada pasada se retiene liquido hasta que agota su capacidad de absorción momento en el que alcanza su peso máximo. Al igual sucede cuando se deja que la lluvia empape generosamente nuestro árbol, notamos que los días posteriores el árbol tiene mejor aspecto.

Por tanto y para hacernos a la idea de la complejidad que supone la dinámica de un riego correcto, es imprescindible controlar visualmente el árbol y a partir de ahí interpretar la necesidad de manera que se consiga un equilibrio entre la cantidad y la frecuencia del riego.

¿Cuánto se debe regar un bonsái?

La calidad del agua es necesario valorarla en la medida en que dependiendo de su procedencia puede contener en su composición mayor o menor cantidad de elementos nocivos, destacando entre los más comunes, el cloro y la cal.

El cloro que lleva el agua corriente que obtenemos de los grifos enganchados a la red común de las ciudades, siempre está presente y la manera de eliminarlo es la evaporación (dejando reposar el agua en un recipiente de boca ancha durante 24 horas antes de usarla).

La cal en forma de sales de calcio presente en el agua se vuelve perjudicial cuando una vez acumuladas en la tierra retienen agua haciendo la competencia a las propias raíces, privándoles en cada riego de la cantidad de agua necesaria aumentando con ello las condiciones idóneas para la aparición de  hongos patógenos y nemátodos.

A estas aguas se les conoce como “duras”, donde la presencia de sales es abundante, siendo una solución los equipos de osmosis inversa.

El pH y la temperatura en el momento del riego también deben controlarse.

La temperatura debe ser lo más próxima a la que tengan las raíces para que no haya demasiada diferencia, lo cual suele conseguirse poniendo un recipiente con el agua que se va a usar en el riego al lado de los ejemplares a regar.

En cuanto al pH, es un valor que indica la acidez en una solución acuosa. El ph del agua pura a 23 º es igual a 7. Cada especie sólo puede vivir en un suelo cuyo ph está comprendido entre dos valores bastante próximos, por lo que hay que procurar a nuestros árboles un agua lo más pura posible para no alterar los valores del suelo ya que este valor tiende a modificarse con las “aguas duras”.

Hay que evitar los encharcamientos durante el riego con un sustrato drenante y una maceta con agujeros por debajo y de fondo plano, entre otras prevenciones, para evitar la acumulación de agua.

Un encharcamiento impide que el oxigeno del aire penetre en la tierra y las raíces mueran por asfixia.