Micorrizas: esos hongos beneficios para nuestros bonsáis

El bonsái siempre ha estado  medio camino entre el arte y la horticultura.

De hecho el buen cultivo es la base de la prosperidad y longividad de nuestros árboles y el uso de micorrizas tiene especial importancia para tal fin.

¿Qué son las micorrizas?

Las micorrizas son asociaciones entre algunos hongos y las raíces de las plantas. Estos hongos conviven con todos los organismos edáficos y participan de los ciclos de los nutrientes. Cuando se asocian con las raíces forman hilos y cordones en sus proximidades. La nueva estructura que nace como consecuencia de esa asociación recibe el nombre de micorriza.

Esta simbiosis entre la raíz de un vegetal superior y un hongo permite una convivencia solidaria entre ambos. La micorriza bombea nutrientes a la planta; fósforo, nitrógeno, potasio etc.. El hongo recibe de la planta los hidratos de carbono que no puede producir por carecer de clorofila. De este modo se asegura que las raíces aliadas se encuentran en estado óptimo, liberando hormonas que aumentar el tamaño de la masa radicular de ésta.

El crecimiento de hilos y cordones forma a menudo un manto alrededor de las raíces.

En este recubrimiento encuentran albergue numerosos microorganismos benéficos, bacterias solubilizadoras de fósforo, nitrificantes, entre otras. Estas se ven atraídas por la liberación de aminoácidos, y restos del metabolismo de la planta y del hongo.

También se depositan azúcares, que permiten a una planta en situación de estrés, un trasplante por ejemplo, bombearlos hacia la parte aérea.

Las micorrizas también producen antibióticos capaces de luchar contra los patógenos oportunistas lo que permite un control químicamente natural.

Las especies más dependientes de las micorrizas son las coníferas, también todas aquellas plantas que viven o son sometidas a vivir en hábitats adversos.

Si bien es cierto que estos hongos se encuentran en la naturaleza hay algunos que son más eficientes que otros.

La tarea de quienes se dedican a la tecnología micorrícica consiste en seleccionar los hongos más eficientes, multiplicarlos e incorporarlos a un inoculante para facilitar la aplicación industrial y doméstica.

Tres de las especies más aptas son: Pisolithus tinctorius, Rhizopogos lutolus y Suillus luteus.

Al aplicar más de una especie resulta más factible mantener la biodiversidad.

Características de un inoculante ectomicorrícico

  • Aumenta la superficie y el volumen de las raíces mejorando la captación de agua y de nutrientes.
  • Recubre las raíces, protegiéndolas de la invasión de patógenos y prolongando su vida.
  • Produce hormonas que aceleran el enraizamiento y el desarrollo de la masa radicular.
  • Mejora el promedio de supervivencia de los trasplantes.
  • La amplia gama de hongos que componen un inoculante posibilita que alguna cepa colonice las raíces.
  • Las cepas no se ven afectadas por los agroquímicos habituales, incluidos los fungicidas.
  • Pueden utilizarse en la producción de plantas (semillas, esquejes, etc..)
  • Es factible aplicarlo en el sustrato o en sistemas de riego, antes y después de la siembra o en plantaciones ya establecidas.
micorrizas en plantón de pino
Las manchas blancas que se observan son las nubes laxas que forman las micorrizas. La presencia de las mismas evidencia el óptimo estado del sustrato.

Experiencia: azaleas y micorrizas

Utilizaremos un inoculante comercializado en solución o impregnado en turba a principios de primavera  sobre nuestros bonsáis, coníferas y azaleas satsuki.

Una vez aplicado no utilizaremos pesticidas y reduciremos la disis de fertilizante.

Los resultados son visibles a finales de verano. En todo este periódo los árboles tratados no han sido atacados por ningún tipo de plagas.

bonsai azalea satsuki micorrizado
azalea Satsuki

También se utilizó las micorrizas impregnadas en turba para trasplantes y el enraizamiento de esquejes.

Pero lo que más gratificante fue el resultado que se obtuvo con esquejes de azalea Satsuki.

A fines de un verano muy caluroso, se podaron las plantas, el resultado fueron unos esquejes que no medían mucho más que unos 3 cm.

Como sustrato se utilizó la turba inoculada con micorriza y arena gruesa de río por partes iguales.

Con un palito de bambú, marqué surcos en los que fui plantando los esquejes, estos no recibieron ningún tipo de hormona para enraizar. Con un par de alambres cruzados preparé el soporte para el polietileno. Así la cubierta tenía forma de domo y el agua que se condensaría no caería sobre las hojas.

Los recipientes quedaron en el invernadero , sin calefacción, donde recibían luz pero no sol directo.

Cuarenta días después el porcentaje de enraizamiento era altísimo, el 98%. Las nuevas plantas medían alrededor de 10 cm. Pero en el momento del repique se comprobó que la masa radicular era impresionante en relación con los esquejes que había utilizado como testigo donde tímidamente asomaban alguna raicilla.

Examinando estas raíces por microscopio se pudo constatar que  las raíces estaban completamente colonizadas por los hongos, los cuales formaron estructuras típicas de la simbiosis micorrítica. En particular se había producido la formación de micorrizas en esta especie vegetal con el hongo Pezizela ericacea

Para promover el enraizamiento de esquejes lo normal es utilizar hormonas de síntesis. Pero los hongos micorrícicos tienen la capacidad de producir distintos tipos de hormonas cuando se asocian a las plantas, estas son sintetizadas por ambos (planta- hongo).

La cantidad está regulada por las necesidades de las plantas. Las hormonas que se generan aumentan el volumen de las células radicales y en consecuencia las posibilidades de enraizamiento aumentan mientras el tiempo disminuye.

micorrizas con esquejes de azalea sutseki
Izq: Esqueja de azalea, Dcha. enraizamiento 40 días después

Tomando esta premisa como base se decidió experimentar el inoculante micorrícico en el enraizamiento de esquejes de azalea. El material del que se disponía no era abundante, además los esquejes no median más de 3 cm. Como sustrato se utilizó turba y arena por partes iguales.

A principio de año se plantaron los esquejes. Con la ayuda de un palito de bambú se marcaron surcos en el sustrato, en los mismos se colocó el inoculante micorrícico impregnado en turba. Luego con sumo cuidado y con la ayuda de una pinza se plantaron los esquejes.

Una vez que se finalizó la plantación, los esquejes se cubrieron con polietileno y se llevaron a un invernadero frío, donde recibían luz pero no sol directo.

A mediados de febrero se controlaron los esquejes y se pudo constatar que el enraizamiento había superado el 98 %.

Quedaba demostrado los buenos resultados de la aplicación de micorrizas al cultivo de nuestros bonsáis.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Marcos

    He leído que en algunos casos el crecimiento excesivo de micorrizas en los bonsáis de pino pueden llegar a colapsar el sistema radicular de estos árboles, causando más perjuicio que beneficio. ¿Qué hay de cierto en esto?

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