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Yamadori, árboles prestados

Significado del término yamadori

Por definición, éste sugerente vocablo japonés define la acción de recuperar árboles miniaturizados de la propia naturaleza para su cultivo en maceta como bonsái.

Con ello se pretende obtener ejemplares con décadas o incluso cientos de años de edad para su adaptación y formación en una maceta de bonsái.

Se eligen árboles con formas sinuosas, castigadas por lo elementos y condiciones dramáticas a lo largo de los años y por tanto muy interesantes para su diseño y posterior presentación como bonsái.

Con ello nos ahorramos décadas de continuo cultivo y cuidados, pues es la propia naturaleza la que moldea y forma estos árboles con sus propias herramientas: las condiciones climáticas y el paso inexorable del tiempo.

Obtenemos así árboles de gran valor tanto estético como económico por su avanzada edad y diseño silvestre y en muchos casos extraordinario.

yamadori

Escena del film “Karate Kid”, donde muchos descubrimos el mundo del bonsái ..

Antes de adentrarnos a realizar ésta práctica conviene analizar brevemente varios factores sobre esta mal llamada “recuperación”, pues el término “sustracción” sería más apropiado.

  • En primer lugar debemos tener en cuenta que son árboles que han sobrevivido en duras condiciones, a veces entre pedregales o pequeñas grietas entre las rocas y cuyo sistema radicular se ha extendido profundidades insospechadas a simple vista.

Por lo tanto la propia extracción será complicadísima, pues las raíces cercanas al tronco serán pocas y de diámetro grueso, careciendo de los capilares finos que se desarrollan en el extremo de las mismas y que son los que realmente absorben los nutrientes y el agua que la planta obtiene.

El resultado de la extracción tiene pues muchas posibilidades de acabar en fracaso.

Una de las complicaciones más habituales causantes de la muerte de muchos yamadoris es la denominada “cavitación”, fenómeno por el cual pequeñas burbujas de aire microscópicas se introducen en los vasos circulantes de la planta durante la extracción bloqueando el paso de agua, que no puede llegar a  las hojas, los estomas se cierran y la planta acaba muriendo por falta de agua y nutrientes.

  • Esa planta ha estado durante décadas expuesta a unas determinadas condiciones climáticas: sol directo, temperaturas extremas, sequía, heladas, altitud diferente, humedad, … El cambio de medio natural (suponiendo que conseguimos recuperar el suficiente número de raíces finas) a la comodidad que le ofrecerá el rescatador, con agua, nutrientes y demás cuidados, puede suponer un estrés y un salto cualitativo de las condiciones que permitieron su supervivencia que no todas las plantas pueden superar.

Pocos “expertos” en recuperaciones del monto reconocerán públicamente el altísimo grado de fracasos de sus incursiones a la montaña.

Consideraciones éticas de la práctica yamadori

La tentación de subir a la montaña y hacerse con un árbol longevo de tronco sinuoso de forma totalmente gratis y rápida, puede parecer sugerente para los aficionados al bonsái, sobretodo para los recién llegados que pecan de impacientes y están ansiosos por tener árboles maduros y formados, como los que se ven en las exposiciones de bonsái.

Pero pensemos un momento en lo que estaríamos haciendo:

  • sustraer especies vegetales, algunas incluso pueden ser especies protegidas amenazadas o en peligro de extinción y las consecuencias legales  a los que nos enfrentaríamos en caso de ser sorprendidos.Merma de los recursos naturales, que pertenecen a todos y no sólo a los aficionados al bonsái. Difícilmente se puede conjugar el amor por los árboles y la naturaleza si no somos capaces de respetar el patrimonio natural que nos queda, el que nos rodea y que pertenece a todos.
  • Otro triste ejemplo de expoliación  de la naturaleza por motivos económicos más que artísticos. Conviene recordar el caso del juníperus procumbens nana (sonare), un junípero japonés muy demandado por la sociedad japonesa y apreciado por los bonsaístas de aquel país durante siglos y que  llegó  casi a desaparecer de las montaña niponas por la expoliación continua y total de los “recuperadores” de árboles, por la práctica del yamadori.

Estos maravillosos árboles, los bonsáis que crecen de forma natural en la montaña, cincelados sólo por la mano dura de la naturaleza, durante años y años sobrevivieron en duras condiciones pero no son capaces de escapar de uno de sus peores enemigos; el hombre y su ambición acaparadora.

Los árboles del monte no son seres desvalidos a los que estemos haciendo un gran favor “rescatándolos” de su entorno natural. Son parte de ese entorno agreste y hostil, están adaptados a él y pertenecen a todos los ciudadanos. No confundamos con perritos abandonados que necesitan de nuestra intervención para sobrevivir.

Hay alternativas al yamadori

La recuperación de árboles sólo debería ser contemplada cuando estemos hablando de árboles en peligro inminente: los que crecen en terrenos y solares destinados a la construcción y por tanto será arrancados más pronto que tarde, o los que se desarrollan de forma libre en lindes o terrenos de cultivo y que también acaban siendo arrancados por los dueños de la propiedad al realizar las labores de labranza habituales.

La producción propia en algún pequeño terreno o huerto del que podamos disponer es una opción mucho más gratificante para conseguir árboles bonsáis interesantes en menor tiempo posible que practicando el yamadori.

Piénsalo seriamente y decide qué tipo de bonsaísta quieres ser: el que respeta y sabe cuidar el entorno natural o el humano que mira a la naturaleza y sólo piensa en la forma de aprovecharse de ella u obtener ganancia económica de ella,  como sea, a cualquier precio.

En tu mano está.

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